Si bien el proceso de extracción de la corteza de quina buscaba una suerte de sostenibilidad, puesto que los cascarilleros trataban de extraerla sin eliminar el cambium para generar nuevas cosechas(1), esta forma de extracción terminaba exponiendo a plagas y matando a los árboles. De igual forma, los jesuitas, que estaban por mucho tiempo a cargo de la explotación, habían establecido prácticas de restitución, haciendo que los cascarilleros sembraran cinco retoños de cascarilla en torno a cada árbol explotado, los cuales alcanzaban un tamaño aprovechable luego de seis años. Estas prácticas se dejaron de aplicar cuando los jesuitas fueron expulsados de los territorios de la corona en 1767. Otro factor crítico fue la destrucción del hábitat provocada por la actividad humana asociada a la explotación, este proceso hizo que incluso el Cabildo de Loja ordene en 1782 detener la explotación de cascarilla para que se recuperen estos bosques que habían sido prácticamente devastados. La presión sobre las poblaciones de quinas en los andes empezó a detenerse cuando países europeos iniciaron plantaciones de estas especies en Indonesia a finales del siglo XIX(2), aunque hubieron repuntes de cosecha en Loja durante la segunda guerra mundial (Nieto, 2000; Garmendia, 2005). Los procesos de destrucción de hábitat que aún siguen ocurriendo por otras causas como la tala de bosques, la expansión de la ganadería de subsistencia y los incendios forestales, han reducido dramáticamente el hábitat disponible para esta especie endémica del sur del Ecuador, puede decirse que éste se restringe a ciertos bosques montanos que fundamentalmente están dentro de las actuales áreas protegidas a manera de relictos (Espinosa et al., en revisión). Finalmente, al parecer los factores de intensa explotación han llevado a las poblaciones remanentes a tener bajo tamaño y poca regeneración, no se conoce ningún estudio que haya profundizado en analizar el estado de conservación y viabilidad de estas poblaciones, pero los censos realizados evidencian que existe un estancamiento de la regeneración natural. Este escenario plantea que se está frente a un potencial evento de extinción de la especie, por lo cual se considera urgente realizar actuaciones de restitución, comenzando por las poblaciones más afectadas(3).
(1) Eliminaban una primera capa de corteza del árbol que era de baja calidad, cuidando de no quitar el cambium, eso hacía que en dos años la planta genere una segunda corteza cargada del alcaloide, seguramente como respuesta al estrés; estas nuevas capas de corteza eran de mejor calidad. (2) A finales del siglo XIX, Holanda había logrado cultivar plantas de quina en Java, lo cual prácticamente erradicó su explotación en América. Durante la década de 1940, existieron diferentes expediciones estadounidenses que buscaban los últimos relictos de estas especies en los Andes para colectar germoplasma, para también establecer cultivos intensivos en otras latitudes y liberarse del monopolio holandés. La creciente producción de países como Madagascar, Nueva Zelanda y Java, redujeron definitivamente la extracción en América.
(3) Actualmente en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) se encuentra realizando un primer análisis genético poblacional, empleando marcadores moleculares de otras rubiáceas.
Otro factor crítico fue la destrucción del hábitat provocada por la actividad humana asociada a la explotación, este proceso hizo que incluso el Cabildo de Loja ordene en 1782 detener la explotación de cascarilla para que se recuperen estos bosques que habían sido prácticamente devastados. La presión sobre las poblaciones de quinas en los andes empezó a detenerse cuando países europeos iniciaron plantaciones de estas especies en Indonesia a finales del siglo XIX(2), aunque hubieron repuntes de cosecha en Loja durante la segunda guerra mundial (Nieto, 2000; Garmendia, 2005).
Los procesos de destrucción de hábitat que aún siguen ocurriendo por otras causas como la tala de bosques, la expansión de la ganadería de subsistencia y los incendios forestales, han reducido dramáticamente el hábitat disponible para esta especie endémica del sur del Ecuador, puede decirse que éste se restringe a ciertos bosques montanos que fundamentalmente están dentro de las actuales áreas protegidas a manera de relictos (Espinosa et al., en revisión).
Finalmente, al parecer los factores de intensa explotación han llevado a las poblaciones remanentes a tener bajo tamaño y poca regeneración, no se conoce ningún estudio que haya profundizado en analizar el estado de conservación y viabilidad de estas poblaciones, pero los censos realizados evidencian que existe un estancamiento de la regeneración natural.
Este escenario plantea que se está frente a un potencial evento de extinción de la especie, por lo cual se considera urgente realizar actuaciones de restitución, comenzando por las poblaciones más afectadas(3).
(1) Eliminaban una primera capa de corteza del árbol que era de baja calidad, cuidando de no quitar el cambium, eso hacía que en dos años la planta genere una segunda corteza cargada del alcaloide, seguramente como respuesta al estrés; estas nuevas capas de corteza eran de mejor calidad.
(2) A finales del siglo XIX, Holanda había logrado cultivar plantas de quina en Java, lo cual prácticamente erradicó su explotación en América. Durante la década de 1940, existieron diferentes expediciones estadounidenses que buscaban los últimos relictos de estas especies en los Andes para colectar germoplasma, para también establecer cultivos intensivos en otras latitudes y liberarse del monopolio holandés. La creciente producción de países como Madagascar, Nueva Zelanda y Java, redujeron definitivamente la extracción en América.
(3) Actualmente en la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) se encuentra realizando un primer análisis genético poblacional, empleando marcadores moleculares de otras rubiáceas.